“Mija hay que seguir luchando, hay que seguir adelante”, fueron las palabras de  Esder Pineda Peña, excombatiente de la FARC asesinado en el Huila.

El país aún no reacciona frente a los aterradores casos de “falsos positivos” que evidencia miles de fosas compuestas hasta por familias completas y varios niños, asesinados extrajudicialmente en el marco del conflicto armado vivido en Colombia y que por estos días evidencia no terminar. Menos se inmuta frente al sistemático asesinato de líderes sociales y excombatientes de las FARC a los que les arrebatan los sueños de una Colombia posible, incluyente y en paz.

Parece que nos negamos a cerrar la página de vivir en un país en guerra. Se sigue atinando el fuego para ver morir a quienes le apostaron a un país en paz, y se la jugaron por dejar las armas y construir sus sueños en la vida civil. Desde que se firmó el acuerdo de paz, los miembros del partido político de la FARC han visto como sistemáticamente acaban con la vida de  los que firmaron el acuerdo y hacen parte de procesos de reincorporación a la vida civil.

Esos sueños fueron los que se le truncaron a Esder Pineda Peña, hombre de 48 años. Le arrebataron la vida y no en combates armados propios de la violencia armada que algún día vivió cuando decidió alzarse en armas con el grupo de la FARC. Paradójicamente su vida, se la arrebataron justo cuando decidió ser parte activa del proceso de paz para construir sus sueños en la vida civil, aportando al desarrollo social y económico desde la orilla de los ciudadanos que trabajan cada día en actividades agrícolas.  Justo cuando se la jugó por la paz, los enemigos de ésta, prologando la violencia le negaron el derecho a cambiar las armas por los sueños que se construyen labrando el campo.  

El proyecto Nosestanmtando.com tiene el perfil de 7 excombatientes de la Farc asesinados en el 2020 y la organización Indepaz reporta un total de 9 asesinados. Junto a Esder han truncado los anhelos de paz de paz de Winston Moreno, Jhon Freddy Vargas Rojas y  11 excombatientes más asesinados en este año.  El último reporte de la Misión de Verificación la ONU en Colombia, señala un total de 14 excombatientes asesinados en el 2020 y un total de 190 firmantes de la paz asesinados tras la firma del acuerdo de paz. 

El fenómeno de la violencia que se vuelve agudizar por estos días en el país, parece estar empeñado en el asesinato de quienes se la jugaron por la paz.  Esder Pineda Peña fue asesinado el 21 de febrero en el municipio de Algeciras en el departamento del Huila. Territorio marcado por la violencia y que como otras zonas del país vive una reactivación de los hechos de violencia armada. En los últimos meses al menos tres lideres sociales han sido asesinados en este municipio.

Cuando Esder Pineda decidió vincularse a la FARC se desempeñaba como vigilante. Un día cansado de las desigualdades sociales, así como habían hecho algunos integrantes de su familia, se incorporó a la FARC que para ese entonces tenía una fuerte presencia en el municipio. Fue así que también se le vio  partir de la comunidad para meses después conocer su faceta de guerrillero en las filas del entonces grupo armado. Lorena Linares, amiga de Pineda lo recuerda como un hombre carismático, soñador y luchador: “De verdad era un hombre noble y soñador”, resalta. Tal era el nivel de sus sueños que frente a los hechos de violencia que se reactivan en el país, manifestó: “Mija hay que seguir luchando, hay que seguir adelante”, referencia Lorena que estas  fueron sus  palabras frente a la cruda y triste realidad de lo está pasando en el país.

Es paradójico que se asesinen a quiénes le apostaron a la paz. Esder Pineda era un constructor diario de esa paz en los territorios. Se la jugó toda, tanto que conformó una Cooperativa Agropecuaria por la Paz, COOAGROPAZ para fortalecer los proyectos productivos de quienes cambiaron  las armas por el campo, los proyectos y la comunidad.   Su apuesta por la paz era aportando a la soberanía alimentaria, en este sentido, inició proyectos de siembra de gallinas. Participa activamente del Mercado Campesino Utrahuilqueño: “Del campo a la ciudad”.

Su anhelo de paz, lo motivaba cada día para aporta en ideas de cambio social. Eso lo incentivaba a no desfallecer y formarse para cualificar sus proyectos. Lorena conoció de  sus sueños compartiendo reflexiones y espacios de formación en un diplomado en el que se graduaron como líderes constructores de paz,  realizado por el programa “Surcopaz” de la maestría de Educación y Cultura de Paz de la Universidad Surcolombiana.

Lorena volvió a compartir con su amigo que ahora lucia sin armas, cambio el camuflado por un overol de campesino y oliendo a gallina por su  proyecto productivo.  “Vendía huevos y gallinas; decía que la paz si había llegado, pero no era para todos", recuerda Lorena que conoció su entrega incasable por su familia y   su liderazgo por la paz. Ahora Esder vive su paz  en el cielo, junto a su hermano que falleció meses atrás.

Por su parte, Sebastián Garaviño Ramírez lo conoció en medio de su trabajo en el fortalecimiento de procesos de cooperativismo empresarial en el departamento. Según Garaviño, Esder es de esos líderes con lo que se venía creando oportunidades de trabajo y desarrollo a partir de iniciativas  de asociatividad empresarial en el surcolombiano: “Es de esas personas que dejaron las armas y comenzaron a sembrar paz desde el cooperativismo”.

“A quienes siguen ejerciendo la violencia quiero expresarles que no nos van a arrebatar la esperanza. Nadie dijo que sería fácil, pero persistiremos porque este país cambió. Seguiremos en la apuesta de seguir construyendo otros mundos posibles donde todos quepamos.”, reflexiona Garaviño sobre este hecho.

Con el asesinato de Esder, truncaron sus aportes a la paz y las iniciativas de trabajo social que venía impulsado en el municipio. No le permitieron seguir cosechando sus proyectos de paz. Su muerte le duele a Lorena, tanto como a sus amigos, familiares y compañeros excombatientes. Estos últimos en zozobra constante, pues en Algeciras todos los excombatientes han recibido amenazas. Parece que una mano oscura quiere mantener el miedo, atizar la guerra y acabar con el proyecto de paz y tranquilidad que se venía viviendo en el municipio. Tranquilidad que como en otros municipios está vilo por la reactivación de los hechos de violencia armada que acabaron con los sueños de Esder. “Muy duro...duele mucho”, concluye Lorena sobre este episodio de violencia que parece aún no acabar.

Share on Myspace